viernes, 10 de diciembre de 2010

EL HOMBRE DE NEGRO



                                                      A Don Hugo Perez.

Jorge Bravo Cuervo
    En los buenos tiempos del Regional Zona Central allá por los años sesenta, La Unión Veterana participaba en la segunda división de ese campeonato. Los muchachos de esos primeras formaciones prácticamente eran todos peuminos; El “chayo” Quintanilla por su envergadura y codicia goleadora emulaba al “Tanque” Campos, El Burro Morán por su anticipación y porte recordaba a Raúl Angulo, el chico Maza, nuestro Nino Landa local, la estrella emergente del Blas Aguilera de volante derecho y otros más anónimos, pero que se la jugaban por representar a Peumo de la mejor forma. A lo más se habían curtido en las distintas canchas locales, todas un tanto escasas al pasto y más cargadas al barro o al polvo, dependiendo de la estación del año. Claro está que para jugar por este torneo estelar, estaba el césped del Estadio Municipal, sembrado con una densa chépica alemana, que regada con agua potable, era considerada la joya de las canchas de la provincia de O`Higgins. El novel "gulo" era el guarvalla, se reconocían en él la temeridad necesaria para el puesto, pero sin duda no era prenda de garantía cuando se veía asediado, constantemente, en los partidos que los oro y cielo peuminos disputaban en calidad de visita.

    Los hinchas querían un arquero de esos que vuelan por las voces de los relatores, que se hacen respetar de tal modo, que los tres palos bajo su cargo, parecen ser un muro casi infranqueable. Claro está, que entre el culebreante cerro Gulutren y el río Cachapoal, no había un arquero de esa categoría.

    Al inicio de una de esas temporadas,  un domingo de marzo, el tren de 12 era esperado como siempre por la Banda Municipal, que desde debajo el alero de la estación tocaba esas melodías que permiten que los bronces se luzcan o al menos no desafinen demasiado. A la hora señalada, un hombre mal vestido, pero completamente de negro, bajó desde uno de los vagones de segunda, el tambor mayor dejó de tocar de la impresión. El hombre era uno de los tantos que traía el tren en busca de sustento para él, y una familia dejada en la miseria en algún lugar distante. El hombre acicalado de negro tenía los rasgos de "ese arquerito" que algún día había tenido atrapado en sus manos el éxito y al cual JUMAR dedicó una crónica y la revista Estadio casi inmortalizó en una de sus portadas. Si, era Bustos, más sonrojado y mucho más regordete que en esos años de los clásicos rancaguinos entre el Braden Company y el Instituto O`Higgins, o de las tardes soleadas de primera división del equipo celeste conducido por la sonrisa goleadora de René Meléndez.

"Hace ya buen rato que no figura en las alineaciones", pensó el tambor mayor, mientras volvía a agarrar el ritmo. Alguna vez escuchó que estaba de reserva en Alianza de Curicó, equipo de segunda del futbol rentado.

Nadie esperaba a Bustos. Los viajeros raudos se perdían más allá de los Peumos de la plazuela de la estación. Al término de los acordes se acerco al Director de la Banda y le dijo "He sabido que necesitan un Arquero en la Unión". Entonces el hombre del bombo, fanático del equipo, le contestó antes que el director entendiera de qué se trataba.."pero claro que sí, que bueno que esté por aquí". " Vaya al restaurant de don Gerardo que ahí va a llegar el equipo a almorzar. No ve que hoy tienen un amistoso de preparación con el Peumo". Bustos comenzó a caminar un poco agazapado, como una especie de mono tomando impulso para subir al árbol o más bien en su caso una pose de arquero que permite estar preparado para recibir un tiro intespectivo, o tomar impulso para saltar en los centros aéreos.

Bustos era así, parecía ser portero siempre, hasta cuando regresaba borracho y con ágil salto superaba el cerco de madera de la casa del Popo, su humilde pensión en los días en que los dirigentes de la Unión le confiaron el arco veterano.  Lamentablemente, su avanzado alcoholismo habían mermado prácticamente todas sus virtudes futbolísticas, sólo quedaba en él ese caminar agazapado, ese rictus en la mirada de un  golero que ha tenido que ir demasiadas veces al fondo oscuro e inescrutable de la vida, un jugador que ya no tiene más posibilidades de fichar que en el club de los condenados, ese equipo que juega  en un campeonato dominado por la derrota y el olvido, exento de la pasión y el éxtasis del triunfo. Qué lejos estaban las ovaciones instantáneas del "respetable" rancagüino cada vez que realizaba una buena tapada, olvidadas estaban las entrevistas radiales, los buenos trajes comprados en la tienda “La Mascota”, los cuerpos olorosos a almendras y jazmín de las muchachas obnubiladas por su arrojo, los camarines triunfadores convertidos en abanicos de humedades al término de los partidos, qué distante estaba el alicaído arquero abatido por los autogoles y los penales de la vida, de esa "prenda de garantía en el pórtico celeste" de las tardes futboleras de los cincuenta. El golero Bustos en los descuentos de su vida, ya no defendía su arco, solo esperaba en las cantinas del pueblo que el supremo árbitro tocara el pitazo final.

La Muerte Alambrica




LA MUERTE ALAMBRICA.

    Con un rin largo e intempestivo la telefonista del pueblo, anunciaba a las familias  que un pariente había fallecido. Era tan reconocible  y cotidiano como las intermitencias de la sirena del cuerpo de bomberos, que si eran dos era un ahogado en el canal de Cocalán o en el río cachapoal y sí eran tres era incendio. Todavía se me reproduce la opresión en el pecho de esas llamadas, la interminable subida de los 16 escalones de la escalera y los cinco pasos ligeros por el pasillo que buscan a callar el aparato negro, como quien se lanza abrazar un niño que se queja de un dolor súbito y lacerante. Después los monosíbalos en susurro y los gritos de incredulidad que mi madre daba.

     Por esas casualidades de pueblo chico que en realidad no lo son, esta funcionaria de la Compañía de Teléfono era casada con el dueño de la funeraria. En ella, los años de estar pegada al auricular le habían otorgado una suerte de traducción instantánea del tono de voz que en seguida la ponía de sobreaviso para obturar prolongadamente el número requerido. Esta habilidad no solo satisfacía una cierta necesidad de traducir a un código de lectura veloz de las desgracias de la vida, sino que había servido de estimable ayuda a la empresa familiar "Funeraria Campos" que con su esmero y buen servicio rápidamente se dirigía a donde era requerido.

     A veces las infaustas noticias que significaban  mantener la rentabilidad del negocio se demoraban demasiado. Eran días que por la inusual ausencia de  defunciones, hasta habrían echo dudar a los expertos en estadísticas de morbilidad. Pero el recurso tecnológico estaba a la mano. Con su mejor voz de telefonista le evitaba las tediosas o posibles licenciosas espera en las inmediaciones del hospital a su marido, que permaneciendo en local siempre estaba bajo su vigilancia, pues le bastaba subir un poco la vista sobre el mesón para observarlo desde su puesto de trabajo. Entonces era ella la que presionaba el número telefónico del Hospital  para llamar a la guardia y como quien averigua  por alguna gestión pendiente de la cual se necesita saber, preguntaba: ¿tendrán algún muertito ?  
 












miércoles, 8 de diciembre de 2010

La carretera Peumina

La Carretera Peumina.
“  Las casas, los caminos y los paseos desgraciadamente son tan fugitivos como los años   ” citado en “Cosas Mínimas “ de Pedro Gandolfo.




I.


Desde la vivencia del peumino, la entrada o salida principal de la comuna esta al superar la zigzagueante curva a la orilla del río Cachapoal, para unos metros más allá enfrentar la  bifurcación del camino hacia la izquierda que va por la cuesta de Idahue hacia los pueblos de Coltauco, Doñihue, para llegar a  la capital regional  Rancagua  o seguir en dirección a la cordillera, por la hoy bautizada “Carretera de la Fruta” y cruzar el puente sobre el río Cachapoal siempre acompañado del imponente  y hoy en desuso  puente ferroviario que data de finales del siglo XIX..

Esos caminos llevan a las ciudades más importantes, a donde va parar la producción del valle, las esperanzas de salud de los enfermos o los sueños de triunfar en  la vida de los jóvenes, las visitas a los seres queridos. Las otras dos,una de ella también utiliza un puente sobre el mismo río y comunica con la vecina Pichidegua y el otro pasado la cuesta de La Cornellana límite de la comuna con la vecina Las Cabras y más hacia noreste la rivera del Lago Rapel.








II.

Fue la llegada del ferrocarril ese lejano día del 8 de mayo de 1892,  lo que vino a consolidar la categoría de principal de este paso, lo que ya venía produciéndose a partir de la llegada de este medio a Pelequen en 1862. Con anterioridad, y así lo recuerda el pequeño barrio de la entrada hacia la costa “las Puertas de Peumo”, el antiguo camino del “centro”, ruta colonial que avanzaba según el trazado de los cerros era la ruta principal hacia los lejanos destinos de entonces Rancagua, Santiago. Tomás Lago, en su famoso libro sobre “El Huaso”, nos señala la fuerte vinculación que existía entre las haciendas, villorrios y aldeas de la antigua del valle central entre Aconcagua por el norte y el río Cachapoal.

Por ese camino, llegó el Intendente Vicuña Mackenna en 1874, el mismo año en se  decreto su  existencia  como villa. Sin duda la visita más ilustre de un servidor público a la comuna en ese siglo. Gracias a su gestión, en años posteriores se trazó el camino como actualmente lo conocemos entre Peumo y Las Cabras.






III.

Esos primeros kilómetros viniendo hacia Peumo, parten por lo que alguna vez fue el “balneario del rió”, ahí a metros de las esclusas de los canales que extraen el agua del  riego, frondosos sauces permitían capear la fuertes temperaturas. Recuerdo que en mi infancia muchas personas se aventuraban a pasar largas tardes campeando el calor, donde no faltaba el consabido cocaví. Las reiteradas subidas y cambios de curso del “rio loco”, terminaron con lo que llegó hacer algo así como la playa de nuestra comarca. Recuerdo unas fotos de los años cuarenta de mi tía  julia y sus amigas que parecen disfrutar de la estadía en un balneario de renombre.  


IV.

Antes de la inauguración del puente carretero en las postrimerías del gobierno de Pinochet, el puente ferroviario era compartido con los vehículos hasta el año 1982 cuando se levantaron las vías del ramal y se tenía que pagar peaje. Finalmente desaparecido el tren, se asfalto y se instalo un semáforo para el paso regulado de los vehículos.

La barrera del peaje, la torre de señalización para los trenes, fueron sin duda un límite a cruzar. Traspasar el puente con la obligada detención a pagar el peaje y esperar a que pasara imponente el convoy o vehículo, que  pasaba por los durmientes, en un traqueteo pesado  que  a medida que se acercaba terminaba por opacar el sonido permanente del  torrente de agua unos metros más abajo,  y que más de alguna vez se interrumpió por un neumático reventado.

Al pasar la curva, el cambio del paisaje respecto a lo que se puede ver antes del puente, ahí a la izquierda estaban en su esplendor siempre ordenado los naranjales y limoneros, a la derecha el cerro que se extiende en un solo cordón por unos siete kilómetros ininterrumpidos, pero que su primera prominencia se llama “del capitan”. Hace años se fabricaban ladrillos en un extenso terreno baldío, quizás como una sinuosa continuidad industrial  de  lo que fue la Fábrica de  Papel que alguna vez existió en los dominiso de los  que hoy se conoce como el fundo “El Molino”.






V.

El “camino nuevo” se le decía en mi tiempos al discontinuado y ancho camino de ripio que cada cierto el tiempo, el “Progreso de Cachapoal” anunciaba su pronta pavimentación hasta Las Cabras. Así que antes de su recto trazado  el paso de los vehículos era por  un camino estrecho que pasaba por el fundo La Granja y que iba dar al barrio de Cancha de Carrera.

En mis años infantiles ahí comenzaba el pavimento y salvo para las fiestas patrias las cerca de 15 amplias viviendas constituían un hermoso conjunto en torno a lo que lo que en décadas anteriores había sido una de las canchas de carrera más reputada de la provincia, en donde las amplias casas semipatronales convivían con otras más pequeñas, en donde se ejercía la prostitución y había diversión alcance de los varones que iban atraídos por las apuestas a las carrera.



VI.

Hoy todo el tráfico sigue por la rectilínea carretera y muy poco logran entrever a los pies del cerro, el modesto campamento que va avanzando desde el montículo conocido con el nombre de La Cantera, receptáculo de los que no poseen medios para vivir en el pueblo, en ese paraje no urbanizado en donde pastan cabras, ovejas y uno que otro caballar. En un margen, en donde conviven parejas jóvenes que venidos de otros lugares apuestan a  que podrán salir adelante, en ese valle vecino en el que es posible encontrar trabajos por hacer.

Luego, se encuentran los servicentros por un lado y el Estadio Municipal por el otro, una de las mejores de la cancha de la región en sus “buenos tiempos”. La ausencia de otros escenarios alternativos en la comuna y el aumento de su uso han contribuido negativamente a su mantención.





VII.

En el entorno a la entrada principal de Peumo esta el restaurant en donde vive, la cantora popular no-vidente que le ha dedicado muchas melodías, décimas al aire perfumado de azares y los desvelos y alegría de la vida.    En vez de entrar al pueblo se puede enmendar hacia el Cementerio Católico    ubicado  contiguo al canal de de Cocalan y al Cerro La Cruz.

Ordenado, cuidado y muy visitado, el cementerio es lugar de reunión no solo para el primero de noviembre, el trayecto del camino de aproximadamente un kilómetro pasa por la amplia quinta presidida por la casa para siempre inconclusa de los Dionisios, en la vereda del frente se cruzan callejones y antiguas casas de adobe, después viene una pequeña subida y tenemos a la vista el orgulloso camposanto que se mantuvo ajeno de la separación de la iglesia de estado del Gobierno del Presidente Santa María. Hace unos  50 años la fiesta de la    cruz de  mayo  dejó movilizar a los fieles, pero el paseo al cerro La Cruz es una tradición para los peuminos, como ir a elevar volantines y comer asado el veinte de septiembre. Hoy la denominada “subida al cerro” de los directivos y socios del Club Deportivo Peumo, ilumina el cerro el último sábado de octubre, en una promesa echa ante el presidente club trágicamente fallecido en el año 1962. Una actividad que tiene algo de procesión y fiesta de encuentro, a la bajada del cerro se comparte junto un caldillo en la sede de la institución.

Desde aquí se extiende  quizás una las ciclovías más utilizada del país, hasta el final del paso de la  Ruta 66 por Peumo.



VIII.

Continuando nuestro viaje, hacia el final del poblado, los callejones nos llevan a hermosas quintas de paltos, a la medialuna y finalmente pasamos por la Capilla Católica de “Puertas de Peumo”  de ahí se extiende el inmenso paño continuo de viñedos de Concha y Toro, a la otro lado la propiedad del ex alcalde “Mito” Busmester y el fundo Sofruco que con sus dos serenazos del 8am y las 18am    marcan la vida pueblerina.



IX.


En los viejos tiempos de los Via Ruc, de las micros del “Cheno”, de los taxis de Angelito y su hijo, y el Cadillac del doctor Paredes, aquí comenzaba un camino calamitoso en toda estación del año, pero particularmente malogrado en los inviernos lluviosos.
Las casas de los antiguos inquilinos  lucen hoy muy bien mantenida y se ubican a la orilla de la ciclovía. Las bodegas del fundo Concha y Toro, se acompaña de una pequeña capilla de estilizada factura, hoy lamentablemente descuidada, también se ha cerrado el puesto de venta de vinos.  Cada ciertos metros vemos cada vez más palmeras chilenas que  vuelven a poblar el valle, un legado de don Recaredo Ossa, al llegar a Codao, podemos ver el cerro del vía crucis, sin mucha dificultad se alcanza la pequeña cumbre donde se puede tener una buena vista del valle,  a su pies la majestuosa casa hacienda y el camino a Pichidegua  protegido por un imponente Alameda. Además, Codao fue una estación de tren a la que confluían los viajeros que se dirigían a Las Pataguas, Larmahue y Pichidegua.  


X.


Más allá, un verdadero jardín de frutales no espera,   el Fundo La Rosa, su viña data de 1824 sus viejos edificios pintados de rojos desde siempre y los frondosos árboles que conviven con las casas de los obreros del fundo, hacen de lugar unos de los más hermosos de la comuna. un poco antes, lo que fue la hacienda Rosrio con una casa de aire mediterráneo y una capilla restaurada recientemente por sus actuales dueños, los Pavone que producen los reputados vinos Santa Ema, dan paso al pobladísimo sector de Rosario en donde se han encontrado sitios arqueológicos que nos permite conocer a peuminos remotos, para finalizar La Esperanza y la intricada y enredada  huella que es La Cornellana escalando trabajosamente la loma hasta subir el cerro.



XI.


Es un recorrido que atraviesa el esplendor del  generoso valle conocido por la calidad de sus mostos ( “Carmin de Peumo” por nombrar uno de los más renombrados de los últimos tiempos)   y sus frutas. Una belleza que se metaforsea según las horas que la transitemos, los meses del año y nuestra predisposición a la contemplación. Un camino nunca es el mismo, cada recorrido es único y el nuestro es una invitación abierta a participar del milagro de estar aquí, a través  de sentir el latido poderoso del terruño peumino.


Cuento:¿ La tonta o la pirula?

                                           

No había pasado ni siquiera todo ese primer verano de egresado del colegio y sin embargo la vida de Ramiro tomaba un bifurcación que lo alejaba de su existencia citadina. Fue el  minuto aquel en el cuál su padre imbuido de esa seriedad  que implican las grandes decisiones opto  por comprarle el negocio a la viuda de Ambrosio Cabezas, ese amigo de juventud  que en su momento fue aconsejado por su médico para que buscará   tranquilidad, para que su corazón no dejará intespectivamente de latir..


Una decisión  que si fuera por lo de la buscada tranquilidad parecía más que correcta, así lo acordó la pareja  a las 2 de la tarde de un día  enero,  en el cuál después de almorzar en casa de un amigo de años que lo había invitado, les llamo la atención el silencio que gobernaba a esa hora, y se fueron a dar un paseo y comprobaron que no se veía a nadie por las calles, ni siquiera perros merodeaban.


Lo de cómo sobrevivir ya no importaba tanto, la tienda en sus buenos tiempos dejaba muchas ganancias que fueron ahorros, pues don Ambrosio  era muy fijado en los gastos.
Con todo, la hora de Don Ambrosio llegó al poco tiempo de estar instalado en el pueblo  en circunstancias que la viuda omitió de comentar, pero que parecían hacer más imperiosa su necesidad de vender la tienda.


Cuando Ramiro llegó reabrir se encontró con la curiosidad de que la tienda de los infinitos regalos, además era una verdulería situación que no había informado la viuda. La descomposición de las lechugas, repollos, papas, zanahorias, cebollas por un lado y de naranjas, plátanos, limones, manzanas y palta por el otro, se condensaba en un aroma  a revoltijo nauseabundo  con el  que  hubo de lidiar por varios días.


Absorbido en las labores de limpieza, Ramiro no  lograba entender la extraña combinación de rubros del negocio ni imaginaba a los Cabezas tan conocedores de todo lo que conlleva la elección de mercancías, que sea del gusto de quien quiere realizar un regalo que llamé la atención  por su refinamiento falso, pero afirulado  muy aparentoso  con el  cotidiano rubro de las hortalizas y frutas….misterio….misterio que por ahora quedaba pendiente ante la encrucijada en que lo había dejado su padre.


Su viejo había llegado de España como tantos otros y vivió por años en el mismo  negocio en que trabajaba, hasta sus conquistas domingueras terminaban ahí, tras los mostradores lustrados, tocando sus posaderas el fino cartón guardado para la ocasión y recibiendo  los embestidas furibundas del  joven emigrante.


“Te he criado como un pacha” “Espérate sentado que te voy dar participación de mis negocios”. Y de improviso la transferencia de la tienda de la viuda a sus inexpertas manos. Ahora  estaba tratando de entender que hacer con ese stock de baratijas alambicadas que no habían generado casi ninguna venta, tan a la vista estaba que el diario, lo daba la verdulería  que claro esta  no le venían en nada a las finas estanterías de madera de caoba, que desde su formas imponentes parecían respingarse y querer expulsar la tosquedad y el descuido que eran el sello del expendio del día a día.




Al frente de la que ahora era su tienda, estaba la bien surtida de géneros, la que a diferencia de la suya fluía de movimientos. Predominantes eran las mujeres que iban casi con desesperación a buscar piezas de delgadas telas que volvieran más soportable ese calor aplastante y ahogador que se hacia dueño de todas las horas del verano, hasta hacer desaparecer el paso de un día a otro y dejar la estación de verano sintetizada en una  sensación de un sol  que aun en la oscuridad de la noche era recordado en el crujir de las maderas o en la falta de brisa  y que parecía reposar en el encierro de las habitaciones. No  había como librarse de calor que orifica la piel de pequeños surcos, pero se intentaba una y otra vez yendo a donde las costureras hacerse pintoras a las medidas o vestidos livianos de algodones o poliéster muy delgados, era una ardua lucha que implica regatear los fondos destinados a otras necesidades  con tal de poder dejar un adelanto, o pagar la cuota anterior y poder sacar ojala una pieza recién desembalada de la  encomienda llegada en el tren del mediodía, Después a rogarle a la modista que se haga un tiempo..”que ya no tengo que ponerme”..”que ayer friendo se me mancho con  manteca la pintora celeste..y todo lo demás que tengo me acalora”, se les escucha a decir a las mujeres.


Ramiro miraba ese frenesí de brazos morenos y a veces muy blancos, de pelos sueltos o de moños que entraban a la tienda del enfrente en una actitud que le recordaba a las de las parroquianas que hacían la fila en el confesionario, claro que en esta ocasión la expresión de absolución se trasladaba a la mezcla de rigidez y satisfacción que emergían de esas manos que llevaban con sumo cuidado el preciado botín.


A sabiendas que de haberse negado aceptar la proposición de su padre, tendría que haber comenzado  por su cuenta la aventura de ganarse la vida, decidió  llevarle el amén a esa decisión que no respondía para nada a la racionalidad, sino más bien a un pacto ignorado, que era la justificación de aceptar la proposición de la viuda y que no calzaba para nada en todo lo que su progenitor pontificaba sobre como había que manejarse en la  vida. Ya en el viaje antes de tocar el tibio suelo peumino  estaba claro para él  que no había por donde hacer próspero un rubro acorde con los requerimientos de esa masa  diambulante y siempre ávida de novedades del centro santiaguino, muy lejana de lo que se puede esperar de gente ligada a la producción de fruta y cultivos, los servicios asociados, los pocos empleados públicos, profesores y personal hospitalario que era lo que pudo saber que había en el pueblo.


Sin recepción de la banda municipal y con la indeferencia de los peuminos demasiados ocupados en cumplir con sus trabajos y paralelamente aguantar ese calor, que le hacía honor al lugar de origen de ese “demonio”  que solía aparecerse por allí, con la obligación de al menos ganar lo suficiente para alimentarse, Ramiro decidió recorrer el pueblo con un muestrario de sus mercancías con la esperanza de poder incorporarlas en listado de requerimientos de los vecinos. Aunque no consiguió ventas al contado, abrió una libreta en donde pudo ir registrando algunos clientes que se entusiasmaron con esas baratijas “jurel tipo salmón”. Al finalizar el  séptimo día de sus recorridos encontró una casa alejada a unos metros de la larga y serpenteante calle principal del pueblo. Su fachada añosa y pintada de un blanco descolorido y una puerta de doble hoja ya de un color indistinguible no presagian al  afuerino la actividad  que se  realizaba en su  interior.


Tras golpear varias veces una voz cantarina, pero añosa le “dijo a esta a hora no se atiende vuelva a las diez de la noche”. Después de aclarar el objetivo de su  visita Ramiro fue conminado a esperar,  una mujer pequeña y de gafas oscuras que delataban su ceguera le abrió la puerta, tras dos escalones  hacia abajo, el piso de tierra contrastaba con los sofás de felpa verde que apenas se entreveían  en la oscuridad de la sala, allí se encontraban sentadas dos mujeres con la consabida pintoras una lánguida con cara de ida, sus piernas eran largas y se dejaban ver, pues la prenda demasiado apretada a penas llegaba a medio muslo, la otra era maceteada, tosca, sus caderas amplias parecían un amplio estuche capaz de contener otro cuerpo como si fuera parte de si. Ramiro no perdió la compostura de vendedor, pero antes que pudiera sacar el muestrario, la mujer ciega lo interrumpió


Mire aquí quedamos muy afectada con la muerte de don Ambrosio le advertí que con “la tonta” estaba bien pa´ su corazón no ve que esta a lo más resolla cuando el macho se satisface, pero quiso con “la pirula” y apenas ella le cruzo las piernas el veterano se despacho pa al otro mundo.


Y usted que desearía, joven  ¿la tonta o la pirula?    



  Primavera, 2006.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Los Peumas de Andrés


  

Dedicado a los que siempre alentaron mis “supuestos dotes literarios”  a mis  hijos y al clan Bravo Cuervo- Riquelme-Muñoz, a las  amistades de todo estos años y a Peumo el sitio de mi  pequeña inmortalidad.



























Peuma: en la cultura mapuche se trata de visiones que son anuncios o explicaciones de las situaciones de la vida que se revelen en los sueños.


Hablo de Peuma y no de recuerdo, pues es en la infancia, que las visiones se convierten en perennes, son entonces una realidad que  moldea  la existencia. La forja que  caduca y demarca nuestras expectativas, sueños y saberes.

La motivación de transcribir al lenguaje escrito  lo más granítico, la esencilidad de la vivencia es relevar esta maravillosa de oportunidad de ser el que invita y es invitado a la existencia, no es otra cosa que el intento  a como de lugar de entregar  la promesa  de la que todos somos depositarios  y que el cruce del azar, perseverancia, afecto e iluminación podrán finalmente el resultado, en ese epitafio que todo persona que afronta la muerte finalmente sabe que   le corresponde.

El manantial profuso de los olores atávicos acechando, o los viejos sonidos cotidianos  que adormecían  la conciencia de lo vasto, la musicalidad  cantarina del paisaje que solo se devela al que acepta sus  códigos, el lenguaje de la sociabilidad adquirida por una convivencia ritual y simultáneamente coloquial son por así decirlo, el escenario en donde el  Andrés de entonces se quedo conmigo conversando y conversando, así como el viento desaliña los árboles o el rió le da el habla a las piedras.   


















I.

La primavera escolar tiene soberana,
es Rita I.
Mi lugar, el final de la comparsa, de diminuto
Pirata.

Cómo quisiera que su sonrisa me fuera dedicada,
amor silencioso que me tamborea.
No tengo más consuelo que un helado  marca Gulutrén de
sabor canela.


II.

Los balancines del patio de juegos del kinder son para mí aviones, y
oportunidad para encontrarme la mirada de Verónica.
Me impresiona lo albo de su piel,
el orden inmaculado y silencioso que la habita,
del cual siento respuestas.


III.

Voy a la estación a esperar el tren del mediodía.
Veo venir la locomotora diesel 7004 que lo encabeza,
comprendo que en el ayer han quedado mis viejas locomotoras clase 500
con su vapor y su negro aspecto.
la aguja de la ausencia ha zurcido en mí por primera vez.















IV.

18 de septiembre,
desfilo elegante con un traje Ville de Nice de chaqueta con insignia
de dueño de yate en el bolsillo del corazón
y  pantalón corto.
Voy marchando por la calle Carmen y desde la esquina veo que por Walker Martínez, pasa el Vía RUC Gordo que trae a mi hermano desde Santiago.


V.

Mi alfombra mágica llega un anochecer lluvioso, en esos vehículos de repartos cerrados de la capital. El color predominante es verde y pasa a tener el sitio central del living. Por esos mismos días, me llevan a la casa de los Ortega. Es una casa patronal que según lo que me han contado debiera ser apabullante para corresponder a toda esa riqueza que se dice tiene esta familia.
Mi decepción es grande, al encontrarme en la entrada unas descoloridas baldosas verdosas en la gran casa, más bien preparada para acoger las necesidades laborales de sus habitantes, lo que me lleva a comentar que esta no es casa de ricos por cuanto no tiene alfombras.


VI.

Hay elecciones para presidente de la República. Los candidatos visitan el pueblo.
Desde la ventana del living una tarde nublada y amenazante veo pasar la marcha
de los allendistas.
Al chalet que arrendamos a los Miranda viene Freí, el candidato de mi madre.
Nos deja de recuerdo un vaso de plástico rosado con su apellido pintado blanco, que usamos por años para enjuagar la boca  después del cepillado de los dientes.
Las vecinas cooperan con plantitas en flor para crear un jardín artificial en la descuidada entrada de la casa del dentista Miranda.

Freí entra rápido y sonriente, es alto, pues logro verlo desde unos 20 metros, en medio de los que se agolpan para saludarlo. Mi hermana Marisol en un gesto valiente lo deja con la mano extendida.

Hay otro candidato, Durán, el de mi padre. Pero salvo él no sé de nadie más que lo mencione.


VII.

Vamos con mi tía en la citroneta del abogado Cruzat a Santiago.
Multitudes, inmensos letreros de Orange Crush, Esso, Copec.
Mi hermana Marisol va becada a USA.
El aeropuerto Cerrillos esta lleno de gente, Carlos Cruz Coke me sube en sus hombros.
Ahora sí puedo mirar el plomizo Caravelle PANAGRA, es inmenso y reluce entre la loza mojada y la gran linterna de la torre de control.
No distingo a mi Marisol pero pronto el avión ha despegado.
Sé que volverá nuevamente alada con un regalo para mí.


VIII.

Estoy por dormirme y un disparo interrumpe la noche pueblerina.
Pronto sube mi tía para tranquilizarme. Me cuenta "Don Otto iba en una moto y en
vez
de tocar la bocina se tocó el poto". Me da un ataque de risa.
Con el tiempo me enteré que con ese disparo un marido despechado dic muerte a su mujer.


IX.

Fin de año, la tía Rina me promueve a primero,
dice que me aburriría con otro año más de kinder.
Yo entiendo que he pasado de curso gracias a la reforma agraria.






X.

Un largo viaje al sur en tren que tomamos en San Fernando, el convoy a su llegada parece remecer no sólo el andén, sino la noche de verano calurosa.
El coche de primera va repleto, hemos conseguido asientos, pero vamos apretados.
De vez en cuando pasa una larga estela de luz amarilla por las ventanas.
Es otro tren en sentido contrario que rompe el letargo adormilado de los pasajeros.
En la mañana nos bajamos en Renazco.
Un hermoso buscarríl de color plomizo, techo blanco y líneas horizontales azules, de dos vagones de asientos rojos nos lleva.
El sol de la mañana le saca un amarillo intenso a los trigales ya secos.
Llegamos a Angol.




XI.

Dibujo unos barcos de cascos cuadrados en el cuaderno empastado de recetas de mi mamá, son la Esmeralda y el Huáscar en pleno combate.
El silabario El Ojo es de tipografía negra.
Mi primera lectura las vocales y el Señor Faundez  me pone un siete por esa lección.
Lo trasladan a Las Cabras, no más ha pasado un mes de clases.
El profesor que llega tiene un confortable apellido: Ford, es enojón, a punta de coscorrones y reglazos coloca orden,
Después nos toca una señorita muy pulcra y todo es más calmo.
Me cuesta aprender a leer, mi tía y mamá "no me tienen paciencia" como diría el chavo.

Tengo mi propia Gabriela, es Pérez eso sí, y me enseña a leer, años después será ministra de la primera sala de la Corte de Apelaciones de Santiago.
Vaya ilustre profesora.


XII.

A medio año Verónica deja el pueblo.
El Sinca celeste conducido por su padre siempre pasaba proveniente del Fundo SOFRUCO a eso de diez para las once los domingos frente a la casa. La posibilidad de verla antes de la misa, un vacío, una espera inútil, que va diluyéndose como se va achicando el esperado Loly de las matinée, un poco después de las segundas campanadas dominicales.

Tengo un gran amigo se llama Oscar Corrales vive en una casa de techos altos y corredores al patio con mampara de vidrios y un inmenso jardín.
Un día tenemos la idea de tratar de pasar nuestros bolsones por arriba de la mampara. Fracasamos y al estruendo de los vidrios rotos aparece la mamá de Oscar y se lo zurra.

Qué vergüenza. Tengo ganas de ir al baño y no me atrevo a interrumpir a los profesores que están adelante, no hay caso, me hago no más.
Oscar dice que no volverá a sentarse al lado mío. Me voy todo humillado y mi mama histérica me reta, además, de rebote.











XIII.

Matinée a las 3:30. Los domingos voy con la Teresa y puedo comer dulces Ambrosoli surtidos, de anís o Loly.El Daniel Aviles, novio de la Tere, nos saca a pasear en una moto Lambreta, vamos para La Arboleda o al estadio y después tomamos bebidas en la fuente de soda del Quico Meza. En el Wurlitzer escuchamos "Caramelo de menta, caramelo de fruta, yo te quiero amor" o "Para abril o para mayo".

De un día para otro la Teresa comienza a salir con el Raúl que trabaja en la estación, entonces vamos al Hotel Central y degusto los ricos sándwiches de jamón que pasarán a encabezar el ranking de lo apetitoso.

XIV.

Los temporales se suceden unos  a otros como un efectivo castigo para el maldadoso que llevo adentro. El viento y el pestañeo de la luz me asustan, los recorridos del doctor Paredes en su inmenso auto negro aumentan. La muerte no sólo se presenta cotidiana en el paso lento y silencioso de los funerales, también se anuncia en los cromados del auto del galeno del pueblo y silba por entre el zinc y las ramas de paltos y naranjos de la quinta.

Pienso en mi nana Teresa, allá en el patio en su cuarto de empleada, en su olor azucarado y traspiroso confundido con el polvillo del adobe, su tibieza puede más que la sonajera del viento, su imagen me consuela, me arrulla.


XV.

Estoy una vez más enfermo de gripe o algo así. Constato la certeza de la muerte y me perturba hasta el pánico paralizante. Si mi corazón deja de latir moriré. , Me angustio y lloro calmadamente., Los añuñucos de mi tía no me calman, la noche y la posibilidad de dormir me aterrorizan. El doctor Faba me examina y su tranquilidad en medio de los rostros contornados termina por apaciguarme.





XVI.

De almuerzo con Hernán Barrios, el juez, y su señora Gabriela, la secretaria del juzgado.
Chuleta con puré y de improviso el florero de centro de vidrio rojizo se triza.
Mi madre exclama: "Virgen María, la Marisol, la Marisol" (por entonces en Estados Unidos).A los pocos minutos el ring largo y urgente que anunciaba una mala noticia.,
¿? a subirá al segundo rápido para contestar. La tía Teresa, hermana de mi padre, había fallecido a la misma hora de la trisadura del florero.


XVII.

De nuevo a Santiago a encontrar a Marisol. Esta vez vamos en
el Chevrolet de los Ortega, vidrios de las ventanas que suben automáticos y son polarizados.
Nos quedamos en la casa de los Dringberg. Lo  que más me fascina es la televisión, de la que prácticamente no me separo, y las  tres botellas de leche que cada mañana se estacionan en el refrigerador.
No voy al aeropuerto a esperar mi hermana, pues llega muy temprano.
Dos autos de fricción, me trae de regalo, un policial grandote con marcador de velocidad y que mueve su sirena y un cadillac blanco más pequeño.
Sólo me pasan el más pequeño, el otro lo guardan para cuando sea más grande.
También me trae una hermosa camisa de cotelé rojo.


XVIII.

Competencia de fin de año, habrá carreras de triciclo y de autos.
A la hora de acostarme llega don Hugo Pérez, el vecino, a ayudarle a mi tía a aceitar las ruedas del triciclo y del auto.
Son las once de la mañana, la hora de la partida de la carrera. Yo y mi triciclo somos uno solo. En los primeros metros me sigue de cerca el hijo del profesor Ossandón, pero no puede resistir mi ritmo de carrera. Gano lejos y no se presentan competidores en la carrera de autos. Las tres cuadras y media que me separan de mi casa las hago inflado y orgulloso, abrazado a mi bólido que nunca volvió a estar tan rápido. ¡Es rico ganar! Me repito a mí mismo.








XIX.

La sirena que marca las doce del día del cuartel de bomberos que está casi al frente de mi casa nos interrumpe. Estamos con Marcela debajo de la silla de playa, ella me muestra el poto y me pide a cambio que le muestre el pirulín., No puedo satisfacerla: no sé desabrocharme los botones del marrueco.


XX

La Navidad de 1965 en Angol.
Tengo por fin un tren de juguete. Es a pilas.
La locomotora echa humo y arrastra tres carros de carga.
Escuchamos infinitas veces un disco de rondas infantiles españolas, "Los maderos de San Juan piden pan no les dan, piden vino sí les dan, se marean y se van".
Salimos a pasear hacia el lado del aeródromo o vamos a la estación que al menos dos veces al día ve pasar un tren conducido por una locomotora a vapor.
Me gusta pasar por el molino "El Globo" cuando ya está oscuro. Sus motores rugientes y una luz blanca que sale de las ventanas dominan el entorno de la plaza que da a la casa de los Riquelme.
En la noche distingo perfectamente la llegada y salida del tren que combina en Renaico con el expreso a Santiago.


XXI.

Tío Pelao: "¿quiere leche?"
- Si.
- "No hay leche"
Y me pongo a llorar. Broma siempre recordada en la familia -la de mi sobrino Jaime- (32 años después mi hija Julia le hizo una broma parecida con un "chiquitín" a mi sobrino nieto Jaime).

XXII.

Ha llegado un nuevo vecino. El Tico es medio año menor que yo. Su tío tiene un taxi Chevrolet imponente en el cual algunas veces nos permite acompañarlo a dejar pasajeros para Codao o La Rosa.
Pasamos ese verano con el Tico entre la Quinta y el Parron.
Al él le gustaba la Católica y yo estaba entre el Coló, que le gustaba al David Muñoz que vive al frente, y la "U". La Marisol me ha traído una insignia del chuncho y termina  convenciéndome.
Jugamos arco a arco y en los descansos comemos sandías.


XXIII.

Mes a mes ir a cortarse el pelo a la peluquería Molina.
Arturito, el peluquero, tiene bastante clientela.
En la espera me entretengo sentado en unas sillas de marco negro y de fino mimbre hojeando
un estante llenos de Gol y Gol y Vea.
Me encanta sentarme en la silla y sentir el claque, claque de las
máquinas de cortar pelo la charla amena y matizada por las miradas de Arturito sobre mi rebelde remolino y al salir esa sensación de frescura y liviandad en la cabeza.


XXIV.

Chile va al mundial de Inglaterra En el teatro dan la película del partido definitorio en Lima, es en blanco y negro y se distingue poco. Condorito saca un número especial y Rubén Marcos marca el empate contra Corea, goooool que relatado por Hernán Solís escucho jugando en la alfombra del living. Mi tía me comienza a regalar la revista Estadio. En el primero, Nelson Torres jugador de Palestino en la portada y en la contratapa la plantilla titular de Santiago Morning.
Escucho los partidos los sábados desde el Santa Laura y el domingo a la "U" desde el Estadio Nacional o de los otros escenarios de la geografía deportiva del país.


XXV.

En el tren de 20:50 llega sábado por medio mi padre. En su maletín trae los abarrotes que me encanta ordenar en la cajonera del buffet.
A veces se demora, ha pasado por algún bar y su borrachera enfadará a mi madre y a mi tía.
A la mañana siguiente, será el ultimo en ocupar el baño, sino nadie podrá ir a misa.
Cuando anda con plata le compra empanadas al Gordo Silva en su restaurant al lado de la estación o al vendedor de la Fresia Bravo que recorre en bicicleta el pueblo.
A mi tía le gusta tener aperitivo después de misa y se sacan los vasos whisqueros con borde dorado, donde se sirve la Coca-Cola, A veces pasamos a donde los Casar, los grandes toman Martini.
El almuerzo dominical varía poco, normalmente, tallarines con salsa y un pedazo de carne a la olla. A veces se compra una conserva en el almacén del Pelao García.
Se compra El Mercurio. Yo veo la caricatura del Reyecito, Lorenzo y Pepita, Don Fausto y hago cohetes con las páginas de los avisos económicos.
El domingo en el tren 17:40 mi padre partirá rumbo a Curicó, lo acompaño a la estación, me da un beso y un Escudo de mesada.



XXVI.

Viene el Circo "Las Águilas Humanas" a Peumo. Su presentación será en la "cancha del Peumo" allá detrás del hospital. Los anuncios llegan una semana antes y yo sé que no hay nada más espectacular que se pueda ver que ese espectáculo. A cuidarme para poder ir a la única función que es de noche. Al llegar por fin el día, la sorpresa: la Teresa conoce a uno de la tramoya, así que en sus hombros acompaño a la caravana de invitación en su recorrido por las calles centrales del pueblo, cerca de los payasos, los elefantes y las jaulas de los leones.
En la noche nos sumergimos en esa inmensa carpa verdosa con dos pistas, en donde cada número simplemente me estremece y deslumbra. La orquesta de diez músicos uniformados acompaña desde un proscenio sobre la entrada de los artistas y le imprime tensión y relajo al espectáculo Quisiera que nunca terminara, que el espectáculo se prolongara o que yo me hiciera parte de esa ilusión  vertida en realidad.



XXVII.

En el segundo año básico me toca en la mañana y conozco "el azuloso de frío", pero claro que solo en las manos. Hasta tengo sabañones. Me compran un abrigo de castilla crema que ni siquiera me saco adentro de la sala como lo demuestra la foto del 2º año A y un gorro como los que usan los tractoristas. Mi profesor se llama Abel Cataldo y viaja todos los fines de semana en el servicio Galgo Azul de liebres amarillas y de huincha azul que van a Rancagua por San Vicente. Es bueno para la pelota, juega de defensa central en la Unión Veterana. Como somos como nueve los zurdos en el curso, él escribe también con la izquierda. Todos los admiramos mucho, pero él es un poco barrero y yo con mi aspecto debilucho no le caigo del todo bien.


Se organiza una gran revista de gimnasia de fin de año, vamos mañana y tarde a entrenar. Por los calcetines de nylon y las zapatillas sellos azul se me llegan a sumajar los pies. Se ilumina la cancha de básquetbol colgando unas luminarias. Vestidos íntegramente de blanco, me toca participar en la parte más fácil de espectáculo.











XXVIII.

Al mar los boletos, es un viaje largo pasamos por Curico y de ahí en una micro, azul y blanca con franja roja y motor Ford, por el camino pasamos a un lento tren de trocha angosta que va Licanten, el camino tiene muchas curvas y cuestas es de maicillo, por fin vemos una hermosa laguna en donde dicen que hay cisnes. Es ya la tarde y el aire es muy húmedo, llegamos al Hotel Llico, nos recibe el Tío Tano. Nos encontramos con los Riquelme.

Me encantan los almuerzos de tres platos y el comedor desde donde se divisa un muelle carcomido y el oleaje del mar. Tomo muchas Bilz de envase parecido al de la Pilsener.

En la cocina la Tía Matilde toma mate de una tetera que tiene en el brasero, Es muy morena, y gorda, tiene unos inmensos ojos saltones, viste una pieza café indeterminada entre delantal, pintora y vestido: Es acogedora. En las noches hacen funcionar la pianola o con mi cuñado escuchamos los relatos radiales del hexagonal, en donde Peñarol trae un arquero impresionante desde el apellido Marzhurquevick.


En hotel Miramar hay unas niñas muy bonitas parecidas a la Verónica o a la Isabel Busmester, la hija del medio del Quiquilín. Hay unas puestas de sol en la que veo olas, mi Tía me regala una estrella de mar para llevármela de recuerdo. Me encanta dormirme escuchando el murmullo-arrullo del mar.



XIXX.

Los domingos después de la misa, en la esquina de la farmacia, la más importante de Peumo, me lustro los zapatos con uno hermanos del Malaya chico que es mi compañero de curso, Al frente en la vereda de la tienda de don Max Casar, la Banda Municipal correctamente uniformada de pantalón blanco y camisa celeste toca sus temas más solicitados, después enrumbamos, banda incluida, a la estación a esperar el tren. Los domingos todos los pasajeros que arriben a Peumo pueden sentirse importantes, son recibidos con los sones de la banda municipal.










XXX.

La panadería de Peumo es la "Reina del Pacifico" que justamente queda a 40 metros de mi casa. La mezcla en el aire del humo de la chimenea con el pan recién salido del horno es permanente. Los carretones techados de un vivo color rojo y letras amarillas parten con su canasto de pan aun humeante a vender hacia los sectores más alejados. Los camiones que una vez por semana dejan la provisión de harina van estableciendo un ritmo productivo permanente. En la madrugada las máquinas con su golpeteo anuncian que a las siete de la mañana estará el pan fresco.

XXXI.

Marisol de cumpleaños hay que mandar hacer la torta, preparar la encomienda y esperar el paso del Vía RUC "flaco" en donde el guatón Bravo es el cobrador, persona de confianza que da garantía que el preciado encargo podrá ser devorado por mi hermana y sus compañeras del pensionado de la carrera de Economía de La Chile.

XXXII.

La procesión de la Cruz de Mayo, trae agitación y actividad al Cuartel de los Bomberos. Se toca la sirena de aviso de reunión y parten en el carro bomba junto a una caravana de automóviles. A eso de las 9 de la noche, se ven subir la fila de antorcha rumbo a la cruz iluminada de la punta del cerro. A medida que se van acercando al final de recorrido, las antorchas rodean los últimos metros para llegar a la cruz. Al regreso el cuartel mantiene actividad hasta altas horas de la noche.



XXXIII.

Por no se que razón me levanto sin tomar desayuno, estoy en el baño y me da un desvanecimiento, pronto se me pasa. Se me ocurre contar que me dado una fatiga en la "Casa Salinas" al mismísimo Hugo encargado del local, me pone el sobrenombre que me perseguirá por toda mi infancia. Escucharlo de pronto a título de nada o repetido por un grupo, me empezó a producir un cierto pavorcillo  cada vez que tenía que pasar por un grupo. Ciertamente me dio popularidad pero más bien de las que se repudian.










XXXIV.

El 12 octubre esta de cumpleaños Oscar Corrales, sin duda el cumpleaños más esperado por mi, por la abundancia en la comida, la amistad de Oscar y las fragancias embriagante de las mandarines y jazmines en flor, que convierten las escondidas y los paco- reo jugados entre el jardín y el largo parrón, en un espectáculo que deja un sabor frutoso en el paladar y un contagioso animo que parecen volver aun más desabrigada y sudorosa la primavera pueblerina.

XXXV.

El bullicio del comercio se acaba a eso de las 5:30  de la tarde en que se termina de cargar de mercancías la micro del Cheno que va rumbo a Las Cabras, El Manzano y Cocalan. Su sonido es elocuente por su escape libre, su avance pareciera implicar un esfuerzo adicional del chofer por enderezar el vehículo. Los inquilinos de los fundos se han venido abastecer en la tienda de los Álvarez, cuyo vendedor estrella, es el "viejo de las bacinicas" o donde Tomas Ledo, con su cajera eterna la Blanquita que es pensionista de los vecinos del lado, los Núñez. Si se necesitaban cosas de ferretería son de la Antonio Hoces. Al alejarse la micro roja y naranja, en el teatro tocan música para avisar que la Vermouth esta por empezar. El músculo comienza su sueño y la pasión más bien se prepara para despertar recorrer habitaciones y los rincones íntimos del pueblo.

XXXVI.

El padre Mariano tiene compañía, un simpático cura español más bien colorado, agitado y pelado, siempre de anteojos de un color verdoso que siempre esta de buen humor e incluso les convida vinos de misa a los monajillos. Su estada no es por mucho tiempo a la hora de despedirlo en mi casa se lo invita a comer estofado de liebre. El mismo lo pela con una habilidad asombrosa y que en nada convierten al animal en una carne exquisita acompañada del tradicional reservado Concha y Toro es un almuerzo de muchas carcajadas.














XXXVII.

Casi al frente se encuentra la casa-habitación y bodega del Diablito Fredes. Su par de camiones Volvos, llegan a cargar o preparan largamente sus motores para enrumbar a la Capital. De mi conocido vecino se decían mucha cosas: que llegó de la costa de Colchagua sin saber leer y escribir, que a pesar de eso compraba el diario y simulaba leerlo con las letras patas para arriba, que se dedicaba la canasteo de fruta y que nadie sabe como de pronto empezó a ser fortuna. Aquí la leyenda decía, que su suerte la había logrado en un pacto con el mismo Diablo. Fabulábamos con los compañeros de curso sobre como se había producido este encuentro extraordinario, por allá en el sitio conocido como los tres Boldos, bien arriba del cerro Gulutren. Nos imaginábamos al mismo diablo que jugaba al tejo desde el cerro aquel y que tenía como línea el río Cachapoal, estableciendo el pacto que convertiría con los años a Fredes en una de las personas más ricas del pueblo.



XXVIII.

El verano trae devuelta al pueblo a las hijas de Quiquilin Busmester. La soledad del viejo cuidador con su mameluco derruido de mecánico eterno, que todas las tardes se sienta delante de las imponentes puertas cafés, son alterada, por la llegada de patrón y sus hijas. la más hermosa y provocativa Isabel. Me hago el tiempo para verla salir en su bicicleta celeste con esos impecables vestidos veraniegos, que solo ellas tienen la exclusividad en Peumo. Por supuesto, que Isabel sabe que me gusta, así al menos puedo retener su cara maliciosa y un tanto despectiva, para su vecino al que lleva varios años y que insiste en mirarla como si estuviera saboreando el mejor helado.


XXXIX.

Antes del otoño, aun cuando los días de clase no se diferencian mucho de lo que fue el verano, comienza el tráfico de los camiones que transportan el mosto recién pisoteado partiendo en su proceso vinificador. La calle principal por donde pasan los camiones, lentamente se van impregnando todo con el olor a uvas cambert sauvignon recién exprimida. Una sensación de bienestar nos inunda, de bonanza de un ciclo una vez más realizado que ayuda entibiar lo queda del final del verano.








XXXX.

En el altar de la izquierda, una inmensa virgen del Carmen con emblema tricolor, recibe mi ave marías. El niño Jesús en su regazo parece tranquilo y a mi me gusta venir a este rincón de la iglesia. La inauguración de la Capilla de " Las puertas de Peumo" a una gran distancia de la casa para mis años infantiles, implicará el traslado de la imagen y con el alejamiento de ella partirá la parte más grande y sincera de mi fe religiosa.

XXXXI.

Los jueves sale de la imprenta "El Progreso de Cachapoal", mi madre desde su cama ordena que la nana de turno le compre el periódico a algunos de los Lira que vocea, que son los suplementeros del pueblo. Las noticias no son muy variadas en el verano la escueta información de los que perecen ahogados en el rió, los atropellados por el tren, o las sempiterna gestiones sobre la inminente pavimentación del camino a Las Cabras, los resultados del fútbol local y la suerte de la Unión Veterana en el Campeonato Regional Zona Central. Algo muy importante la cartelera semanal del cine.

XXXXII.

He sido el primero junto al "Malaya" en aprenderme las tablas de multiplicar el profesor nos felicita, los dientes sobresaliente de "Malaya" se dejan ver más prominentes en medio de su alegría que dura muy poco, dejará de estudiar ese mismo año.

En ese mismo año hago mi primera encuesta es necesario dilucidar cuál es el club más popular entre los alumnos del cuarto "A", más de alguno no comprende mi vocación de sociólogo precoz y se niega contestar por no encontrarle sentido, del resultado no me acuerdo.



XXXXIII.

Dieciocho de septiembre de 1967, esta vez las fondas no están en su sitio tradicional "Cancha de Carrera", sino que pegadas al alto muro de la cárcel, algo así como 6 fondas con sus pequeñas orquestas. el guatón Avilés insiste en que pruebe la chicha que esta dulcecita, me embriago y trato de hacer pichi en el pino más grande del pueblo y no le achunto al tronco, llegó apenas a la casa, me abre la Teresa que muy rápido me da en mi tazón "si café" el te con leche. Los invitados y mi mama dormían una larga siesta y cuando pasan a tomar once yo ya no tengo señas de mi primera borrachera.




XXXXIV.

Mi hermana Marisol una noche me explica como la semillita del hombre entra en la de la mujer y se tienen los hijos. Al otro día se los explico a mis compañeros. Llega a los oídos del director don Oscar Soto y este decide llamar a mi apoderada, le explica que esto que yo he contado es francamente inaceptable de escuchar en niños de 3º año básico y amenaza con expulsarme del colegio si esto se vuelve a repetir. Mi madre se encoge de hombros y le dice " pero si es la verdad, que quiere que diga el niño".


XXXXV.

Era agosto y jugábamos con Oscar en la pieza chica, de repente mi mama y mi tía subieron las voces, discutían con una furia que no me acordaba a verles visto nunca. Oscar se arranca rápido. Mi tía dice que no aguantaba más y que se va de la casa. Da un portazo y con su ida todo me parece más oscuro y frío. Mi mama pasa a dormir en la cama de mi tía, en la pieza que compartíamos, ya esta acostada cuando la Marisol entra y comienza a contarle que le pareció la película como si se tratara de mi tía. Al otro día vamos a la municipalidad a tratarla de que vuelva a casa. Esta muy demacrada y nos dice que no lo hará en medio de pucheros.

La Teresa parece que ya se quiere casar con el Aviles, mi mama le pide que no nos deje y nos vamos a Temuco, por primera vez en conche salón, voy feliz en el asiento reclinable al lado de Teresa, mi mama va en el asiento de atrás, hasta el boletero cree que somos madre e hijo.
Me despierto temprano viendo pasar estaciones con nombres inesperados y desconocidos. Llegamos a una estación techada y con mucho humo de locomotoras a vapor.

La mayoría de los días están nublados y a lo lejos se escuchan los largos pitazos del vapor y los heladeros tocan un cuerno para anunciarse. La Teresa se queda unos días y dice que nos esperara en Peumo. Acá esta la Meche que es distinta a la nana de Angol, es mapuche, muy joven y seria, un día de salida me invita a pasear con ella, en la liebre 7 llegamos hasta el final del recorrido, las instalaciones de Endesa, donde se termina la ciudad por el Norte.

Una noche de improviso, Jaime mi padrino me lleva al estadio, Jaimito se queda llorando, me siento grande, vamos haber un amistoso entre el Green y un equipo de Austria. Me acuerdo de sobremanera de Pancho Fernández ,el Arquero que apenas se distingue en la semipenumbra de la cancha. El Green no repite la actuación històrica contra Rusia y pierde tres por uno.





Llega la pascua a la casa de Recreo 620, recibo los mismos regalos de Jaimito de vuelta a Peumo, sin Teresa se acaban los Celerac y Milo de regalo que venían directamente de Chiprodal de Graneros, una procesión de nanas no logran remplazar a mi Teresa que ya comienza a tener sus propios hijos y el Aviles se ha puesto bueno para el trago. La casa me parece vacía, que se llena un poquito con los cheques que envían los hermanos para que su madre pueda mantener la casa. Un sueño de verano me perturba, veo bajar por la escalera a mi tía desnuda cuando le toco un muslo para detenerla mi dedo se sumerge en su piel que resulta ser como la del postre de leche con maizena.


XXXXVI

Es el tiempo de los nísperos que nos entretienen por horas en el árbol que se encuentra pegado a la acequia que cruza la quinta. Llegan a bañarse la Maria Estela y la Liliana, el Tico insiste en que nos mostremos lo que nos tapa los calzoncillos y los calzones. Los cuatros nos calateamos y después decidimos ir a jugar a los papas a una pieza abandonada de la casa de la Liliana, cuando estamos empezando nos piílla la María la nana de la Liliana.

Comienzo a ir a visitar a mi tía que se ha instalado en la casa de las hermanas Espíndola. Me regala un hermoso banderín de la Campeón de 1967, con la foto del plantel y los 17 distintivos del resto de equipo en competencia que pasan a estar en el sitial de honor de mi pieza. Normalmente voy los sábados voy almorzar con ella, la casa es antigua y si bien la comida están escuálida como en la mía se sirve en fuentes. La hermosa señora Melanita preside la mesa cuando se siente con fuerza, sino no se ha podido levantar entro a su pieza a conversarle un rato la siento parecida a esa abuela de la que tanto he escuchado hablar y que no conocí.




















XXXXVII.

En lo que queda de la Casa de Ejercicios son la clases de catecismo los sábados, vamos casi todos los del cuarto, en noviembre, todos los días nos sacan de clases para ir a prepararnos. Partimos con mi mama a Curico para que mi papa me compre el terno que debo lucir en la ceremonia. En la Casa Franco esta lo que necesitamos es de una tela con un fondo medio café y vivos levemente morados.

Es sábado en la tarde y nos confesamos de los pecados una sensación de limpieza y de haber alcanzado un estado de bueno que nada debe romper me embarga. Incrédulo veo como otro de los confesados a título de escopeta grita desde la otra vereda "cocha de su madre", pienso que él es malo y será sin duda castigado por eso.

En ayuno a eso de la ocho de la mañana partimos para la iglesia, un obispo anciano, más bien pequeño de estatura y encorvado, vestido de púrpura preside la ceremonia, estoy confuso de poder tragar la hostia o que no pueda atraparla, pero es suave al paladar y pronto me la he tragado. A la recepción a mi casa llega el Diputado Isla que esta en plena campaña por alcanzar el senado, con un regalo. En la tarde esta la procesión del ocho de diciembre que esta vez no tiene a nosotros a los que hemos comulgados por primera vez como protagonista. Como siempre son muchos los carros alegóricos y en la cancha dos del estadio se ha instalado un escenario presidido por inmensa cruz de gasa blanca.


XXXVIII.

Los días de radios comienza a eso de los nueve y treinta con las " Confidencias de un Espejo" de Cristi Brandt. Las cartas de las auditoras por lo general hablan de la famosa prueba de amor y sus consecuencias. Rupturas abruptas, engaños, llantos y sollozos, sufrimientos mañaneros que mi madre sigue atentamente: "la bandita de firulete" y su personajes mejoran el animo, hasta que llega "Lo que cuenta el Viento”. leyendas e historias de embrujos y maldiciones. Por fin, "Hogar Dulce Hogar". Con Celedonio Menares "ese coreano" según la suegra que avisa que no va llegar almuerzo porque desde la bomba len ha avisado que a esa hora va haber un incendio. La Sinfo siempre dirigiendo la casa y pillando una y otra vez a su marido, la suegra súper cargante, la Raka una pensionista que le tira los corridos al Celedonio. la asopada de la meche que es bien huasa y viene de Cañete. Emeterio el maestro chasquilla curaguilla e incumplidor y después se agrega el Potoco que un cabrochico agrandado y mete tapa. Las Noticias y después las comedias que generalmente me pierdo porque voy clases en la tarde. Con algunas nana sintonizamos la Radio Manuel Rodríguez de San Fernando para escuchar corridos y rancheras. Al atardecer Discomania con canciones Herve Villard, "esta tarde vi. llover" de Manzanero, Raphael, los Bric a Brac, Adamo, Sandro o Los Iracundos. Más Tarde nuevamente "Hogar Dulce Hogar" y cuando por fin puedo escuchar la Radio Agricultura que me facilita, la Doctora Weiss, la "Tercera Oreja" con sus historias que a veces dan miedos escuchar con la luz apagada o que otra veces me desvelan porque las sigo reviviendo por largo rato. Después hay pensamientos y poemas para terminar el día. Los domingos a escuchar los relatos desde la cancha de Carlos Márquez y el resumen deportivo a cargo de Julio Martínez, para después disfrutar la adaptación radial del estreno de cine romántico de la semana.

XXXXIL.

Gran novedad en la escuela en una grabadora de cinta el profesor nos pregunta que queremos ser cuando grande. Yo dijo maquinista de tren. Después en una reunión de apoderado el profesor se lo hace escuchar a los padres.
Hacerse Boy Scout esta de moda, pero mi mama no me deja participar, me da envidia ver a los que lucen sus uniformes y salen de paseo.



L.

El Circo "Apolo" se instala en el sitio de al lado de la Cárcel, La carpa es blanca y tiene pocos números, de animales solo una llama solitaria, lo que más me impresiona es el pequeño trapecista rubio de ojos azules y cachetes rojos a tono con su vestimenta, tiene mi edad y con un enorme sonrisa hace sus números desde lo alto. Cuando estamos en recreo jugando a la pelota se suele subir a la pandereta que rodea el patio, a observar nuestra condición de prisioneros que queda en evidencia, cuando debemos volver a clases, mientras el sigue libre por las calles esperando la hora de volver a sentir los aplausos a allá arriba en el trapecio.





LI.

La conquista del espacio es el infierno con una de las primeras "Apolo", pero por fin ha llegado el gran día es invierno, mi tía me ofrece a última hora, no muy convencida ir a Santiago para ver en directo y por la Tele la llegada del hombre a Luna. A las 18:30, veo partir el último Vía RUC que nos podía llevar, con el se aleja mi oportunidad de ser testigo de algo trascendental. La noche esta nublada, y el nuevo día por venir me encontrara más orgullosos de pertenecer a la especie humana.


LII.

El profesor Castillo esta cargo de educación física y hace que hagamos un campeonato interno de fútbol en el curso. Cada semana hay partidos entre los cuatro equipos, quedo como era de esperar  el mas el malo de los equipos. Invento una táctica que después el "gordo"Santibañez me copiara hasta la saciedad. Me quedo de "lauchero" esperando el pase. Resultado en tres partidos un empate a uno y dos triunfos por un gol. Voy goleador y mis compañeros alegan mi posición pero se juega sin Ofside.

Los días de primavera se alargan y alentados por mis recientes éxitos futbolísticos reúno a unos vecinos para tener un club propio, me consigo una pelota de cuero vieja con el "checho" López el papá del Patán y partimos a jugar el primer encuentro pactado en la cancha de fulbito de estadio. El partido es apretado y la final desfavorable. Al ir buscar agua a una casa vecina para refrescarnos la pelota desaparece, yo no me doy cuenta de eso hasta mucho rato después, cuando sentado como tantas tardes en escalón de la puerta veía como se iba la luz del día, por la calle Sarmiento se escuchaba un rumor que parecía algo así como una manifestación. De pronto ví a unos 10 compañeros de esa partida que venían a buscarme para que respondiera por esa pelota perdida ante "Checho". Se me decía a gritos que tenía que responder y que tenía que ir al tiro a la casa del "Checho" casi a empujones y con el mismo alharaquero que habían llegado fui conducido rumbo a  donde el "Checho" López y no quedaron tranquilo hasta que entrados en el patio le dije que le pagaría su pelota. Desde ese día y por años el "Checho" López me cobro la pelota que por supuesto nunca pensé pagarle.





LIII.

La época de las peleas a combos llegó y el debilucho, menor del curso sufrió las consecuencias, sobretodo de los que tenían por costumbre agarrar alguno de "material para el hueveo". De semanero del aseo me toco con el "chueco" Martines que le había dado por pegarme, hasta que el Cabello que no solo era el mejor para el fútbol, sino que también para los combos lo saco de encima mío y se lo fleto. Gracias Cabello.


LIII.



Otra tarde esta vez de Otoño, reto al "Toño" Soto hijo del director a dirimir antiguas rivalidades después de clase porque ambos éramos amigo de Oscar, pero no tragamos entre ambos. El sitio el la plazoleta de afuera, desde la casa del director el mismo lo alienta, el es más maceteado que yo, pero mi práctica con guantes box, en la trastienda de la "Casa Salinas" de algo me han servido y le dijo "yo soy el jugador y voz soy la pelota", le pego su pape en la nariz que le saca harta sangre, tanto que vuelven a llamar a mi mama de la dirección el me pega un recto sobre la ceja que me deja un cototo. La pelea se detiene y se puede decir que se declara empate, pero yo igual me voy llorando desconsolado.